Gustavo Redondo: el productor
detrás de Retrológico en Madrid

Un poco de historia.

Mi camino como productor musical en Madrid no fue determinante en su momento, pero con el tiempo terminé atando cabos. De los primeros 90 me vienen a la memoria dos recuerdos: el estudio de grabación de Jesse Katsopolis en ‘Padres Forzosos’ y la primera vez que vi funcionar una grabadora de cassette y escuché mi voz grabada. La aparición de la virgen debe ser algo parecido.

Con ocho años me apuntaron a las clases de guitarra del pueblo. Comenzó con un reparto de roles en forma de bandurria, laúd o guitarra; a mí me tocó esta última porque era el instrumento que había disponible en casa. Sin destacar especialmente, tenía bastante facilidad para aprender de oído los ritmos básicos y poco después deseé cambiar a la bandurria porque, por lo menos, «punteaban».

En el instituto, la profesora de música se esforzaba para que leyera la partitura mientras tocaba el xilófono en el concierto de Navidad. La engañaba echando un vistazo de vez en cuando para disimular; podía tocar de oído y estar pendiente del pentagrama era lo único que me hacía equivocarme. Creo que lo sabía, pero terminó desistiendo.

Con catorce años, y después de meses de ahorro, compré mi primera guitarra acústica decente: una Veracruz electroacústica que tenía buena puntuación en la revista ‘Guitarra Total’. A partir de ahí llegaron los primeros años de composición compulsiva, donde empecé a entender la estructura de las canciones.

A mediados de los dos mil aterrizó el primer Cubase en el local y empecé a experimentar la increíble sensación de grabar varios instrumentos por pistas. Todo sonaba fatal, pero la libertad de producir mis propias ideas era increíble.

Con veintidós años llegó el cambio más significativo: grabé mi primer álbum con Los Pedales, mi primera banda. A partir de ahí, y dentro de la más absoluta miseria indie, todo fue rodado: ganamos un concurso de maquetas que nos permitió tocar en nuestro primer festival y aparecer en los programas que escuchaba de adolescente, como Los Conciertos de Radio 3, Disco Grande o 180 Grados.

Hicimos una gira por todo el país de más de sesenta conciertos en los que, como siempre en estos casos, hubo de todo. Fue, sin duda, el mejor aprendizaje posible para entender la música desde dentro.

Durante los viajes de esa gira empecé a escuchar música desde otra perspectiva: imaginaba cómo sonarían las canciones con arreglos distintos o con otro carácter en la batería. Ya no solo escuchaba canciones, empezaba a producir mentalmente.

En 2012 grabé por primera vez baterías, guitarras, teclados, percusiones y voces para el segundo álbum de Los Pedales. Fue en El Puerto de Santa María con Paco Loco. Esa experiencia en el estudio lo cambió todo; volví a casa con la determinación de ser productor musical.

Ese mismo año nació Retrológico. Comencé a componer para publicidad y, durante más de cinco años, realicé producciones para proyectos como Telefónica, el Real Madrid o el Comité Olímpico. Durante esa etapa también empecé a producir a otras bandas y grabé mis primeros álbumes como solista; Gigantes & Diminutos fue el segundo de ellos.

En este trabajo me adentré por primera vez en la música instrumental post-clásica, influenciado por mi pasión por artistas como Nils Frahm o Dustin O’Halloran. Tras pasar por varios festivales en 2019 como músico de directo, decidí que mi hábitat natural es el estudio de grabación. Abandoné el directo para centrarme definitivamente en mi labor como productor musical en Madrid.

La explicación es sencilla: me apasiona la tranquilidad del estudio, el café y el proceso constante de grabar y crear nuevas canciones para pasar a la siguiente fase creativa.

En 2022 trasladé el estudio al centro de Madrid y, tras casi veinte años de oficio compaginándolo con otros trabajos, empecé a vivir exclusivamente de la música. Desde entonces, me dedico a lo que mejor sé hacer: producir, componer, grabar instrumentos, mezclar y masterizar.

Mi día a día en Retrológico es una búsqueda constante de sonidos y canciones, poniendo toda esa experiencia acumulada al servicio de los artistas que confían en mi criterio para sus proyectos.

Siempre digo lo mismo: si he llegado hasta aquí después de tantos años y no vendí todo el equipo antes, es porque amo el oficio y la música por encima de todas las cosas. Es mi vocación absoluta y lo que mejor sé hacer.

A día de hoy, sigo aprendiendo de todos los artistas con los que trabajo y, sobre todo, formándome sin descanso con el método que me hizo productor y multiinstrumentista: de forma autodidacta, por intuición y disfrutando de mi pasión desde que rasgaba mis primeros acordes sobre aquel edredón noventero de Reig Martí.

Abrazos,

Gustavo.

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